De más
está decir que la “teoría del etiquetado” es una “práctica consustancial a la
escuela”[1].
Esta teoría es denominada, también, como la profecía que se cumple a sí misma y
no es otra cosa que la influencia que ejercen las expectativas de la sociedad
(al menos de aquellos que poseen autoridad) sobre los demás. En la escuela se
manifestaría de la siguiente manera: el profesor se crea ciertas expectativas
sobre los distintos alumnos y actúa en el aula según esas expectativas, resultado
todo se realiza como el profesor lo había supuesto en un principio. Más
adelante analizaremos la verdad o falsedad de esta teoría.
De todas maneras, vale
adelantar que esta teoría ha causado un caos conceptual y metodológico y lo que
se propone Rist es “demostrar que se está desarrollando una perspectiva teórica
dentro de las ciencias sociales para acabar con él”[2].
EN LA TEORÍA DEL ETIQUETADO
SE LE DA POCA IMPORTANCIA A LOS MOTIVOS Y CARACTERÍSTICAS DEL INDIVIDUO QUE
COMETE UN ACTO (DESVIADO). De esta manera, la desviación es resultado de
definiciones y reacciones de un grupo, en definitiva, es un juicio social. El
resultado de esta etiqueta es un empecinamiento en la desviación debido al
estigma de la misma. De esta manera, se puede concluir que “las reacciones
sociales a la desviación fomentan conductas desviadas”[3].
Esta paradoja de generar el comportamiento que se quiere suprimir ha sido descrita
por Tannenbaum y Schur[4].
Veamos,
ahora, la teoría del etiquetado en el ámbito escolar propiamente dicho.
Lo primero
que hay que observar es que es el docente quien impone la etiqueta.
El profesor posee dos fuentes de información que colaboran a la hora de imponer
una determinada etiqueta, la que se obtiene “cara a cara” en el ejercicio
de su profesión (denominada de primera mano) y la obtenida de segunda mano (un
ejemplo son los comentarios que realizan los demás docentes sobre determinado
sujeto). Por otra parte, según Rist, Jonson ha sugerido dos determinantes
en la evaluación del profesor, a saber:
·
El rendimiento anterior
del estudiante
·
Las características de
estatus social y rendimiento actual del estudiante[1].

Los
diferentes estudios muestran que cuando los docentes se generan expectativas sobre
los alumnos éstas no son sólo del orden del rendimiento académico o cognitivo,
sino que también están influidos por otras características dentro del aula y
por los rasgos interpersonales.
De
todas maneras, Merton observa que “la profecía que se cumple a sí misma es, en
principio, una falsa definición de la situación que evoca un nuevo
comportamiento que convierte en verdadera la idea que originalmente era falsa”[2].
Aquí hay que recordar que “la desviación no es inherente a un comportamiento
per se”[3],
de esta manera desviado es aquella persona a la que el público social ha
colocado esa etiqueta con éxito. De esta manera vemos que “sólo los
seleccionados serán consecuentemente etiquetados”[4].
Así
vislumbramos el punto crucial de esta teoría. Si se le coloca una etiqueta a alguien, esto
hace que ese alguien se convierta en lo que la etiqueta dice que es (es como un
“yo te lo dije”).
Si bien las primeras impresiones influyen en el
comportamiento posterior es bueno aclarar que “las expectativas de los docentes
algunas veces se cumplen en sí mismas”. Hay que tener en cuenta que hablamos de
una relación que supone dos polos, el docente y el alumno y, como lo expresa
Ray, “la definición institucional de la persona ni se concluye ni
se
solidifica hasta que finaliza la negociación”[1]
entre ambas partes. Si se tiene en cuenta el proceso que tiene lugar en el
aula:
1-
El profesor espera un
comportamiento y rendimiento específicos de los estudiantes concretos.
2-
Debido a estas
expectativas diferentes, el profesor tiene un comportamiento distinto con cada
uno de los estudiantes.
3-
Este tratamiento indica
a cada estudiante el comportamiento y rendimiento que el profesor espera de él,
y afecta al concepto de sí mismo, a la motivación para el rendimiento y al
nivel de aspiraciones.
4-
Si este tratamiento del
profesor se mantiene con el tiempo, y si el estudiante no se resiste
activamente o lo modifica de alguna manera, tenderá a dar forma a sus logros y
actitud. Los estudiantes de altas expectativas se verán llevados a conseguir un
nivel alto, mientras que disminuirán los logros de los estudiantes de bajas
expectativas.
5-
Con el tiempo, el
rendimiento y actitud del estudiante se acercará más y más a lo que se esperaba
de él[2].
Es en
el cuarto punto donde se produce el cumplimiento efectivo o no de la profecía.
De
todas maneras, vale aclarar, que existe una lucha desigual entre el niño y el
docente hay una desigualdad en cuanto a la heteronimia que existe en el infante
que con frecuencia gana el más fuerte (o sea, el docente) y si el niño se
rebelarse lo definirían como obstinación, hostilidad, etc. y de esta manera
comienza a repetirse el proceso del cual es muy difícil salir: el de las
etiquetas.
Aporte de Andres y Sebastian