En el caminar con Jesús,
¿Qué cosas nos motivan a seguirlo?
¿Qué nos puede motivar para animarnos a
superar las pruebas?
Nos dice Francisco “Es bueno que toda catequesis preste una
especial atención al «camino de la belleza» (via pulchritudinis).[129] Anunciar
a Cristo significa mostrar que creer en Él y seguirlo no es sólo algo verdadero
y justo, sino también bello, capaz de colmar la vida de un nuevo resplandor y
de un gozo profundo, aun en medio de las pruebas. En esta línea, todas las
expresiones de verdadera belleza pueden ser reconocidas como un sendero que
ayuda a encontrarse con el Señor Jesús. No se trata de fomentar un relativismo
estético,[130] que
pueda oscurecer el lazo inseparable entre verdad, bondad y belleza, sino de
recuperar la estima de la belleza para poder llegar al corazón humano y hacer
resplandecer en él la verdad y la bondad del Resucitado. Si, como dice san
Agustín, nosotros no amamos sino lo que es bello,[131] el
Hijo hecho hombre, revelación de la infinita belleza, es sumamente amable, y
nos atrae hacia sí con lazos de amor. Entonces se vuelve necesario que la
formación en la via
pulchritudinis esté inserta en la transmisión de la fe. Es deseable
que cada Iglesia particular aliente el uso de las artes en su tarea
evangelizadora, en continuidad con la riqueza del pasado, pero también en la
vastedad de sus múltiples expresiones actuales, en orden a transmitir la fe en
un nuevo «lenguaje parabólico».[132] Hay
que atreverse a encontrar los nuevos signos, los nuevos símbolos, una nueva
carne para la transmisión de la Palabra, las formas diversas de belleza que se
valoran en diferentes ámbitos culturales, e incluso aquellos modos no
convencionales de belleza, que pueden ser poco significativos para los
evangelizadores, pero que se han vuelto particularmente atractivos para otros.”
(EV 167)