sábado, 19 de julio de 2014

La educación: deber y don

         “Jesús, al ver a la multitud tuvo compasión de ellos porque eran como ovejas sin pastor y comenzó a enseñarles por largo rato…” (Cfr. Mc 6,34)

         Para quienes somos cristianos, Jesús es nuestro modelo en todo, es nuestro maestro. Estamos llamados a seguirlo y a imitarlo…

         Este pasaje, nos muestra que la primera respuesta que da a la multitud, ante la que se compadece, es la de enseñar.  Y no es una multitud cualquiera, es una multitud que esta como oveja sin pastor, perdida, desorientada, sin rumbo. La enseñanza, la educación, es el camino que elige Jesús para conducir y guiar a este rebaño; conducirlo no a su propio interés sino a la plenitud de cada uno de los que componen este rebaño, esta sociedad. Así, educar es construir al desarrollo del bien común, que está orientado al progreso de la persona (Cfr. CIC 1912)

         Por eso, la educación, para los cristianos, es un deber, porque este incluido en el llamado a construir la “nueva civilización”.
         Pero más que un deber es don, un don que, como a Jesús, nos exige amor (tuvo compasión) y paciencia (les enseño por largo rato), pero que nos hace, de alguna manera, de su corazón de padre, maestro y pastor.