Para quienes somos cristianos, Jesús es nuestro
modelo en todo, es nuestro maestro. Estamos llamados a seguirlo y a imitarlo…
Este pasaje, nos muestra que la primera
respuesta que da a la multitud, ante la que se compadece, es la de enseñar. Y no es una multitud cualquiera, es una
multitud que esta como oveja sin pastor, perdida, desorientada, sin rumbo. La
enseñanza, la educación, es el camino que elige Jesús para conducir y guiar a
este rebaño; conducirlo no a su propio interés sino a la plenitud de cada uno
de los que componen este rebaño, esta sociedad. Así, educar es construir al
desarrollo del bien común, que está orientado al progreso de la persona (Cfr.
CIC 1912)
Por eso, la educación, para los
cristianos, es un deber, porque este incluido en el llamado a construir la
“nueva civilización”.
Pero más que un deber es don, un don que, como a Jesús,
nos exige amor (tuvo compasión) y paciencia (les enseño por largo rato), pero
que nos hace, de alguna manera, de su corazón de padre, maestro y pastor.