“La
observación, está en directa relación
con la pregunta sobre sus motivos (¿para qué se observa?)”. De este modo, señala Anijovich, es este propósito el que guía lo
que habrá de hacerse. El que determine la manera en que se utilizarán los datos
y lo que se podrá obtener. ¿Observar para evaluar? ¿Observar para analizar?
¿Para investigar?
El propósito influye no sólo en lo que se
observa, sino en cómo esto se lleva a cabo. Es decir, quién es el observado,
dónde y cuándo tiene lugar la observación y qué uso se hace de los datos. Por
este motivo, en la formación, se vuelve fundamental explicitar a los futuros
docentes los sentidos e intenciones de la observación.
En este sentido, el desarrollo de esta
función formativa no es sencillo: observar para formar, formar para comprender,
para interpretar, para reflexionar críticamente, para revisar el accionar.
¿Pero qué es la observación?
La
observación es un medio para obtener información y un proceso para producir
conocimientos. Proporciona una representación de la realidad que pretendemos
estudiar, analizar y/o aprender, que es de vital importancia en la formación
docente. Al proponerle al estudiante una variedad de focos y distintos tipos de
registros, se enriquece la comprensión sobre las situaciones observadas; a
partir del análisis propuesto en las observaciones, las situaciones de
enseñanza pueden cuestionarse, revisarse, reestructurarse. Es decir, la
observación posibilita analizar la enseñanza, reconocer problemas, abrir un
espacio para indagar otras líneas de acción. A través del trabajo con las
observaciones se desentraña la lógica de la práctica docente, se intenta comprender
y reflexionar acerca de los resortes más íntimos y complejos de esta práctica.
La observación es esencial para ser un buen educador
Afirmamos junto
a Anijovich, que la observación es, esencialmente, una estrategia de enseñanza
transversal a distintos dispositivos de formación que la tienen como uno de sus
ejes. Tanto en la observación de clases de otros profesores, como en la de
micro-clases de compañeros, o incluso en la auto-observación de situaciones de
enseñanza (de clases y micro-clases), aprender a observar es decisivo para la
formación de profesionales reflexivos.
Importancia de la autobservación
Anijovich
nos invita a dedicar una especial atención a la necesidad de una sincera
auto-observación. En este sentido, los procesos de escritura, y nos animamos a
decir hoy también las desgravaciones de las clases, que conllevan los
registros, promueven procesos de objetivación y distanciamiento respecto del
propio discurso, que, al materializarse, permiten una recepción diferida, a
partir de la cual el profesor evalúa su propio texto desde una perspectiva más
próxima a la de un lector externo. Escribir, en suma, supone avanzar en la
construcción del conocimiento sobre la propia práctica.
En pocas palabras
La
observación –señala Anijovich- permite, por tanto, acercar a los futuros
docentes a situaciones cotidianas –y a veces problemáticas-, que enfrenta todo
profesor al dar su clase. En definitiva, desde la enseñanza, y a través de las
observaciones, se trata de propiciar espacios en los que los futuros docentes,
puedan construir una mirada sobre sí mismos y sus propios implícitos, sobre la
cultura, las teorías subjetivas, el habitus, la relación con los otros y las
formas de actuar, así como también les permita adquirir una visión sobre lo que
sucede en la clase propiamente dicha.
En
resumen, la observación posibilita analizar la enseñanza, reconocer problemas,
generar un espacio que arriesgue probables líneas de acción. A través del
trabajo con las observaciones se comprenden y transparentan los resortes más
íntimos y complejos de la
práctica. Así, la observación reclama apelar a una posición
reflexiva permanente.