![]() |
Jean Pierre Astolfi |
Hoy los invitamos a pensar juntos cuál es el rol
educativo del error en la enseñanza. Ciertamente a ninguno de nosotros nos
gusta equivocarnos o errar el camino, sin embargo, al mismo tiempo todos
tenemos conciencia que muchas veces, superando
auténticos errores, alcanzamos nuevos conocimientos e incluso experiencias y
valores que sirven a nuestra formación como persona.
En la educación, algunas concepciones al
respecto, pueden tener consecuencias terribles. Si el error tiene un estatus
negativo, todo el mundo trata de ocultarlo cuando no sabe cómo evitarlo. Por
ejemplo: el alumno que no sabe como se escribe correctamente una palabra, le
busca inmediatamente un sinónimo, el que no es capaz de comprender un problema,
lo resuelve memorizando las operaciones mecánicas; el que se siente inseguro
con oraciones subordinadas, escribe frases cortas y simples. Es decir, los
alumnos desarrollan estrategias para ocultar lo que no saben. Si escondemos lo
que no sabemos, nunca vamos a descubrir porqué no sabemos. Ocultar el error
impide aprender.
Afirma Astolfi que contemplar el error
didácticamente es un buen indicador del modelo pedagógico utilizado en clase. Y
sostiene, que los errores no son faltas condenables ni fallos de programas, sino
que son verdaderos síntomas de los obstáculos con los que se enfrenta el
pensamiento de los alumnos. Debemos, entonces, despenalizarlos y concederles
otro status: los errores son indicadores de procesos y, consecuentemente, el
modo de tratarlos es esencial para un adecuado crecimiento integral.
Astolfi, afronta estos temas en su libro “El
error como fuente de aprendizaje”. A continuación ofrecemos un cuadro sobre la
tipología de los errores y sus posibles remedios. La primera columna indica la
naturaleza del error porque no todos tienen el mismo origen; la segunda, más
sugerente, propone qué aspecto analizar y qué trabajo podemos realizar para
lograrlo.
Aporte de Gustavo y Sebastián