jueves, 29 de mayo de 2014

Efecto Halo

“Tendencia a formar una impresión o juicio sobre una característica particular de un
individuo, basándose en una impresión general, que se tiene de él.”

Si la impresión es favorable será hipercalificado y viceversa.
Apreciación personal de la Profesora Camilloni.

 
Otro link donde podemos encontrar una entrevista a distintas personas sobre el "efecto halo" es el siguiente:





Aporte de Andrés

lunes, 12 de mayo de 2014

La importancia del catequista

           
¿Te preguntaste alguna vez por la importancia de la catequesis?  
“La catequesis ha sido siempre considerada por la Iglesia como una de sus tareas primordiales, ya que Cristo resucitado, antes de volver al Padre, dio a los Apóstoles esta última consigna: hacer que todos los pueblos sean sus discípulos, enseñándoles a cumplir todo lo que él había mandado.”(Catechesi Tradendae, 1)

  San Juan Pablo II la define:
La Catequesis: “conjunto de esfuerzos realizados por la Iglesia para…ayudar a los hombres a creer que Jesús es el Hijo de Dios, a fin de que mediante la fe, ellos tengan la vida en su nombre, para educarlos e instruirlos en esta vida y construir así el Cuerpo de Cristo.” (Catechesi Tradendae, 1)

“Catequizar es, en cierto modo, llevar a uno a escrutar ese misterio…(”el misterio de Cristo”)…en toda su dimensión…Se trata de procurar comprender el significado de los gestos y de las palabras de Cristo, los signos realizados por él mismo, pues ellos encierran y manifiestan, a la vez, su misterio.” (Catechesi Tradendae, 5)

“…en el centro de la catequesis encontramos esencialmente una persona, la de Jesús de Nazaret”…(Catechesi Tradendae, 5)
  
Jesús como modelo de catequista:
…”Todo catequista debería poder aplicarse a sí mismo la misteriosa frase de Jesús: “Mi enseñanza no es mía, sino de aquel que me envió”. (Catechesi Tradendae, 6).

Dime cómo enseñas...
…”la catequesis tiene la necesidad de renovarse continuamente en una cierta ampliación de su concepto mismo, en sus métodos, en la búsqueda de un lenguaje adaptado, en el empleo de nuevos medios de transmisión del mensaje…La repetición rutinaria lleva al estancamiento, al letargo y, en definitiva, a la parálisis. La improvisación irreflexiva engendra desconcierto en los catequizados y en sus padres…y ciertamente causa desviaciones…” (Catechesi Tradendae, 17)

Catequesis como parte de un plan misionero eclesial
“La catequesis no puede disociarse del conjunto de actividades pastorales y misionales de la Iglesia…” (Catechesi Tradendae, 18)

…”entre la catequesis y la evangelización no existe separación u oposición, ni identificación pura y simple, sino relaciones profundas de integración y de complemento recíproco.” (Catechesi Tradendae, 18)…”La peculiaridad de la catequesis, distinta del anuncio primero del Evangelio que ha suscitado la conversión, persigue el doble objetivo de hacer madurar la fe inicial y de educar al verdadero discípulo por medio de un conocimiento más profundo y sistemático de la persona y del mensaje de nuestro Señor Jesucristo.” (Catechesi Tradendae, 19).

¿Y de dónde nos nutrimos?
“La catequesis extraerá siempre su contenido de la fuente viva de la Palabra de Dios, transmitida mediante la Tradición y la Escritura…La catequesis será tanto más rica y eficaz cuanto más lea los textos con la inteligencia y el corazón de la Iglesia y cuanto más se inspire en la reflexión y en la vida dos veces milenaria de la Iglesia.” (Catechesi Tradendae, 27).

¿Por qué elegís la enseñanza católica?
“El carácter propio y la razón profunda de la escuela católica, el motivo por el cual deberían preferirla los padres católicos, es precisamente la calidad de la enseñanza religiosa integrada en la educación de los alumnos…

No todos son iguales, cada uno es único
(las instituciones católicas)…tienen el grave deber de ofrecer una formación religiosa adaptada a las situaciones de los alumnos, con frecuencia diversas…(Catechesi Tradendae, 69).

Todo por el Evangelio
…Conviene que la catequesis tenga muy en cuenta (la) escolarización para alcanzar verdaderamente los demás elementos del saber y de la educación, a fin de que el Evangelio impregne la mentalidad de los alumnos en el terreno de su formación y que la armonización de su cultura se logre a la luz de la fe. (Catechesi Tradendae, 69).

Aporte de Gaby y Fede

lunes, 5 de mayo de 2014

El error como fuente de aprendizaje según Astolfi


Jean Pierre Astolfi
 
 
Hoy los invitamos a pensar juntos cuál es el rol educativo del error en la enseñanza. Ciertamente a ninguno de nosotros nos gusta equivocarnos o errar el camino, sin embargo, al mismo tiempo todos tenemos conciencia  que muchas veces, superando auténticos errores, alcanzamos nuevos conocimientos e incluso experiencias y valores que sirven a nuestra formación como persona.

 

En la educación, algunas concepciones al respecto, pueden tener consecuencias terribles. Si el error tiene un estatus negativo, todo el mundo trata de ocultarlo cuando no sabe cómo evitarlo. Por ejemplo: el alumno que no sabe como se escribe correctamente una palabra, le busca inmediatamente un sinónimo, el que no es capaz de comprender un problema, lo resuelve memorizando las operaciones mecánicas; el que se siente inseguro con oraciones subordinadas, escribe frases cortas y simples. Es decir, los alumnos desarrollan estrategias para ocultar lo que no saben. Si escondemos lo que no sabemos, nunca vamos a descubrir porqué no sabemos. Ocultar el error impide aprender.

 

Afirma Astolfi que contemplar el error didácticamente es un buen indicador del modelo pedagógico utilizado en clase. Y sostiene, que los errores no son faltas condenables ni fallos de programas, sino que son verdaderos síntomas de los obstáculos con los que se enfrenta el pensamiento de los alumnos. Debemos, entonces, despenalizarlos y concederles otro status: los errores son indicadores de procesos y, consecuentemente, el modo de tratarlos es esencial para un adecuado crecimiento integral.

 

Astolfi, afronta estos temas en su libro “El error como fuente de aprendizaje”. A continuación ofrecemos un cuadro sobre la tipología de los errores y sus posibles remedios. La primera columna indica la naturaleza del error porque no todos tienen el mismo origen; la segunda, más sugerente, propone qué aspecto analizar y qué trabajo podemos realizar para lograrlo.
 
Aporte de Gustavo y Sebastián

¿Tiene que ver nuestra cultura con la Educación religiosa?

“Vivan los fieles en muy estrecha unión con los hombres de su tiempo y esfuércense por penetrar sus maneras de pensar y de sentir, de las que la cultura es expresión. Sepan unir los descubrimientos de las ciencias, de las disciplinas y de sus recentísimas conquistas con las costumbres y con la formación doctrinal cristianas, de tal modo que la estima de la religión y la bondad espiritual progresen al mismo paso entre ellos, con el conocimiento de las ciencias y con la técnica que avanza día a día.” (Gaudium Et Spes, 62). (El subrayado es propio)

Nuestro tiempo requiere una intensa actividad educativa y un compromiso correspondiente por parte de todos, para que la búsqueda de la verdad, que no se puede reducir al conjunto de opiniones o a alguna de ellas, sea promovida en todos los ámbitos y prevalezca por encima de cualquier intento de relativizar sus exigencias o de ofenderla.” (Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia, 198). (El subrayado es propio).



Aporte de Gaby y Fede

Aprender a pensar


Este es un cuentito (verídico) especial para ingenieros, amantes de la física y personas a las que, simplemente, les guste pensar.

 

    Sir Ernest Rutherford, presidente de la Sociedad Real Británica y Premio Nobel de Química en 1908, contaba la siguiente anécdota:

 
    "Hace algún tiempo, recibí la consulta de un colega. Estaba a punto de poner un cero a un estudiante por la respuesta que había dado en un problema de física, pese a que éste afirmaba con rotundidad que su respuesta era absolutamente acertada. Profesores y estudiantes acordaron pedir arbitraje de alguien imparcial y fui elegido yo. Leí la pregunta del examen y decía: "Demuestre cómo es posible determinar la altura de un edificio con la ayuda de un barómetro".

   
    El estudiante había respondido: "Lleva el barómetro a la azotea del edificio y átale una cuerda muy larga. Descuélgalo hasta la base del edificio, marca y mide. La longitud de la cuerda es igual a la longitud del edificio". Realmente, el estudiante había planteado un serio problema con la resolución del ejercicio, porque había respondido a la pregunta correcta y completamente. Por otro lado, si se le concedía la máxima puntuación, podría alterar el promedio de sus estudios, obtener una nota más alta y así certificar su alto nivel en física; pero la respuesta no confirmaba que el estudiante tuviera ese nivel.

   

    Sugerí que se le diera al alumno otra oportunidad. Le concedí seis minutos para que me respondiera la misma pregunta pero esta vez con la advertencia de que en la respuesta debía demostrar sus conocimientos de física. Habían pasado cinco minutos y el estudiante no había escrito nada. Le pregunté si deseaba marcharse, pero me contestó que tenía muchas respuestas al problema. Su dificultad era elegir la mejor de todas. Me excusé por interrumpirle y le rogué que continuara. En el minuto que le quedaba escribió la siguiente respuesta: "Coge el barómetro y lánzalo al suelo desde la azotea del edificio, calcula el tiempo de caída con un cronometro. Después aplica la fórmula h=0,5 G t(superscript: 2). En este punto le pregunté a mi colega si el estudiante se podía retirar.

   

    Le dio la nota más alta. Tras abandonar el despacho, me reencontré con el estudiante y le pedí que me contara sus otras respuestas a la pregunta. "Bueno, respondió, hay muchas maneras, por ejemplo, coges el barómetro en un día soleado mides la altura del barómetro y la longitud de su sombra. Si medimos continuación la longitud de la sombra del edificio y aplicamos una simple proporción, obtendremos también la altura del edificio". Perfecto, le dije, ¿y de otra manera? "Sí, contestó; este es un procedimiento muy básico para medir un edificio, pero también sirve En este método, coges el barómetro y te sitúas en las escaleras del edificio en la planta baja. Según subes las escaleras, vas marcando la altura del barómetro y cuentas el número de marcas hasta la azotea. Multiplicas al final la altura del barómetro por el número de marcas que has hecho y ya tienes la altura. Este es un método muy directo. Por supuesto, si lo qu e quiere es un procedimiento más sofisticado, puede atar el barómetro a una cuerda y moverlo como si fuera un pendulo. Si calculamos que cuando el barómetro está a la altura de la azotea la gravedad es cero y si tenemos en cuenta la medida de la aceleración de la gravedad al descender el barómetro en trayectoria circular al pasar por la perpendicular del edificio, de la diferencia de estos valores, aplicando una sencilla fórmula trigonométrica, podríamos calcular, sin duda, la altura del edificio. "En este mismo estilo de sistema, atas el barómetro a una cuerda y lo descuelgas desde la azotea a la calle. Usándolo como un péndulo puedes calcular la altura midiendo su período de presesión. En fin, concluyó, existen otras muchas maneras. Probablemente, siguió, la mejor sea coger el barómetro y golpear con él la puerta de la casa del conserje. Cuando abra, decirle: señor conserje, aquí tengo un bonito barómetro. Si usted me dice la altura de este edificio, se lo regalo". En este momento de la conversación, le pregunté si no conocía la respuesta convencional al problema (la diferencia de presión marcada por un barómetro en dos lugares diferentes nos proporciona la diferencia de altura entre ambos lugares)

 

    Evidentemente, dijo que la conocía, pero que durante sus estudios sus profesores habían intentado enseñarle a pensar. El estudiante se llamaba Niels Bohr, físico danés, premio Nobel de Física en 1922, más conocido por ser el primero en proponer el modelo de átomo con protones y neutrones y los electrones que lo rodeaban. Fue fundamentalmente un innovador de la teoría cuántica. Al margen del personaje, lo divertido y curioso de la anécdota, lo esencial de esta historia, es que...

 

 LE HABÍAN ENSEÑADO A PENSAR...
 
Aporte de Andrés