En su Carta Encíclica Centesimus
Annus, s. Juan Pablo II nos recuerda, entre los principales derechos humanos,
los siguientes: “el derecho a la vida, del que forma parte integrante el
derecho del hijo a crecer bajo el corazón de la madre, después de haber sido
concebido; el derecho a vivir en una familia unida y en un ambiente moral,
favorable al desarrollo de la propia personalidad; el derecho a madurar la
propia inteligencia y la propia libertad a través de la búsqueda y el conocimiento de la verdad; el derecho
a participar en el trabajo para valorar los bienes de la tierra y recabar del
mismo el sustento propio y de los seres queridos; el derecho a fundar
libremente una familia, a acoger y educar a los hijos, haciendo uso
responsable de la propia sexualidad. Fuente y síntesis de estos derechos es, en
cierto sentido, la libertad religiosa, entendida como derecho a vivir en la
verdad de la propia fe y en conformidad con la dignidad trascendente de la
propia persona.” (Centesimus Annus, 47).
* El subrayado es propio
Aporte de Gaby